martes, 29 de noviembre de 2011

Ansiedad

Ansiedad
Amorcito, tratá de no decirme las cosas nefastas que pensás, me pone nerviosa. Bueno, pero hago un gran esfuerzo para no engancharme con mis propios pensamientos, no puedo con los tuyos. Todo lo que quieras, pero boicoteás mi optimismo. De verdad, no es mala onda. Yo tampoco tengo a quién decirle, buscáte vos una psicóloga. Qué vas a odiar a los psicólogos, si cada vez que voy me preguntás qué dijo o qué hacemos con cada cosa. Vamos, ¿no te acordás de que no sabías responder qué eran los testículos?, ¡bien que le hiciste caso! Ahora es distinto ¿qué sabe ella de una operación?
No, no tengo miedo. La otra vez que lo operamos salió todo bien, confío en que va a ser igual o mejor. Sos cansador, primero querés que lo operemos, ahora estás arrepentido. Ah, ¿no estás arrepentido? Bueno, entonces dejá de joder.
Hablá más bajo que se acaba de dormir, tiene que llegar descansado, pobrecito. Ya sé que estás nervioso, pero él no tiene la culpa. No sé, pero controláte. Aunque sea bebé, presiente las cosas y se dá cuenta que estás nervioso. Sí, yo también estoy nerviosa, pero respiro hondo. Ommmm
No soy ridícula, probá cómo te relaja. Ommmm. Basta tonto, me hacés reír, no te burles. Te aseguro que sirve. No es ningún pelotudo, es el mejor profe de yoga. El tarado sos vos, que no haces nada y ya te dieron tres infartos. Bueno, no fueron infartos, pero pensaste que sí y sabés que si seguís tan loco te puede pasar. Lo que necesita tu hijo es que estés tranquilo. ¡Qué no se va a dar cuenta! Los adultos son los que perdieron el don de la percepción, como vos ahora.
¿Ni un minuto de silencio? ¡No le va a pasar nada con la anestesia! Dejá de torturarme. No soy fría, tengo fe. ¡Qué sé yo los porcentajes! No le pregunté eso al médico. Preguntále vos. Siempre para las pavadas me mandas al frente a mí. Qué no voy a tener vergüenza. Ay, no me digas que ahora sos tímido.
No seas desagradecido, che. Qué nos va a salir todo mal. Es que no estás mirando las cosas buenas que te pasan, esto es algo simple. ¡Cómo de qué? Hay que dar gracias de todo, basta de pensar en cosas feas. No, ¡imposible! no puede tener alergia de golpe. Nunca tuvo, no va a darle justo ahora. Eso te pasa por ser padre añoso. Sí, ja ja estás un poco viejo. Yo estoy joya. Ja  ja. Dejá de pelear, que no me voy a enganchar.
Bajá la voz que si se despierta vas a ir vos atrás. ¡Qué cara dura! al que le llegan tres multas por semana es a vos, no a mí. Una sola multa en veinte años y el control estaba en la avenida no en la ruta. Las de estacionamiento no cuentan. ¿Quién rompió la óptica? ¡Ves, siempre encontrás una excusa! Sos un delincuente.
Lo bajo yo, vos llevá el cochecito. Sí, el bolso también. Es que ya quedamos internados. Bajálo por las dudas, ¿para qué vamos a hacer tantos viajes?
Lo durmieron mientras yo lo sostenía. ¿Le hará mal la anestesia? Es que es tan chiquito, parecía que no respiraba. Sí, ya sé, pero tengo miedo. No, no me sueltes. Abrazáme más fuerte. También te amo.

Carola Ferrari
Santa Rosa de Calamuchita, 17 de noviembre de 2011

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